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    10-07-2017
 

El Pan de cada día



 



Por dentro, donde los trenes entran y dejan a miles de personas, brilla el piso reluciendo la limpieza de baldosas nuevas y se adornan las paredes con los carteles de muchas marcas nacionales e internacionales; construyendo una postal digna de una capital europea. En los alrededores la historia no es tan limpia y reluciente, sino que es trabajosa, dura y a pulmón.
Al costado del incesante rio de personas que fluye todos los días a toda hora en la puerta de la estación, se paran ellos, a ganarse la vida, rebuscándosela para ofrecer la más variada mercancía. En la vereda que se encuentra enfrente de la Plaza San Martin podemos encontrar de todo: accesorios para celular, ropa interior, alimentos y artículos de librería, que se conjugan con el grito de los vendedores que anuncian sus promociones y sus productos, como en la antigüedad lo solían hacer los mercaderes en la plaza pública, aunque la diferencia con ellos si es garrafal, porque en la antigüedad ese negocio no requería más que un tributo al cobrador de turno.
“No te deja trabajar la policía” sostiene Dora, una vendedora de papa rellena mientras charla con su compañero que vende ropa a su derecha. “Vienen y la brigada te bota. Obvio que esta prohibido en la calle pero… ¿Cómo podemos trabajar?”. Quizás no encontrar la respuesta a esa pregunta es la primordial razón por la que se encuentran en esa situación. Ella no reniega de eso, porque lo considera una manera de ganarse la vida honradamente, consiguiendo el dinero por sus propios medios. Pero su determinación es indiscutible “si me botan de acá no tengo laburo, y no tengo que comer”.
Esta es solo una de las razones, de una sola inmigrante de Perú que trata de sobrevivir con los medios disponibles el día a día. Existe una legislación vigente, que a través de un permiso especial habilita la venta de alimentos en espacios públicos, al inscribirse en un “Registro de Postulantes”; que requiere de ciertos requisitos, como DNI, cursos aprobados y libreta sanitaria, que sirven a veces de obstáculos para los miles de trabajadores independientes, que muchas veces no tienen acceso a esa información.
La Ciudad de Buenos Aires es capaz de mostrar las dos caras, progreso y pobreza, avance y retroceso, no solo en la misma moneda, sino también en la misma vereda.

 

 

 




Autor: Mariano Ferrentino
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